DOMINGO DE PASCUA 5

DOMINGO DE PASCUA 4
23 abril, 2021
DOMINGO DE PASCUA 6
6 mayo, 2021

Les contó cómo había visto al Señor en el camino.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 9,26-31.

Cuando Pablo regresó a Jerusalén, trató de unirse a los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no creían que se hubiera convertido en discípulo. Entonces, Bernabé lo presentó a los apóstoles y les refirió cómo Saulo había visto al Señor en el camino, cómo el Señor le había hablado y cómo él había predicado, en Damasco, con valentía, en el nombre de Jesús. Desde entonces, vivió con ellos en Jerusalén, iba y venía, predicando abiertamente en el nombre del Señor, hablaba y discutía con los judíos de habla griega y éstos intentaban matarlo. Al enterarse de esto, los hermanos condujeron a Pablo a Cesarea y lo despacharon a Tarso.

En aquellos días, las comunidades cristianas gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaria, con lo cual se iban consolidando, progresaban en la fidelidad a Dios y se multiplicaban, animadas por el Espíritu Santo.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Del salmo 21, 26b-27. 28. 30ab. 30c-32

R/. Bendito sea el Señor. Aleluya.

 

Le cumpliré mis promesas al Señor delante de sus fieles. Los pobres comerán hasta saciarse y alabarán al Señor los que lo buscan: su corazón ha de vivir para siempre. R/.

Recordarán al Señor y volverán a él desde los últimos lugares del mundo; en su presencia se postrarán todas las familias de los pueblos. Sólo ante él se postrarán todos los que mueren. R/.

Mi descendencia lo servirá y le contará a la siguiente generación, al pueblo que ha de nacer, la justicia del Señor y todo lo que él ha hecho. R/.

Este es su mandamiento, que creamos y que nos amemos.

De la primera carta del apóstol san Juan: 3, 18-24.

Hijos míos: No amemos solamente de palabra, amemos de verdad y con las obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y delante de Dios tranquilizaremos nuestra conciencia de cualquier cosa que ella nos reprochare, porque Dios es más grande que nuestra conciencia y todo lo conoce. Si nuestra conciencia no nos remuerde, entonces, hermanos míos, nuestra confianza en Dios es total.

Puesto que cumplimos los mandamientos de Dios y hacemos lo que le agrada, ciertamente obtendremos de él todo lo que le pidamos. Ahora bien, éste es su mandamiento: que creamos en la persona de Jesucristo, su Hijo, y nos amemos los unos a los otros, conforme al precepto que nos dio.

Quien cumple sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. En esto conocemos, por el Espíritu que él nos ha dado, que él permanece en nosotros.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

El que permanece en mí y yo en él, ese dará fruto abundante.

Del santo Evangelio según san Juan: 15, 1-8.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, Él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto. Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí nada pueden hacer. Al que no permanece en mí se le echa fuera, como al sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde. Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así corno discípulos míos”.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Homilía Domingo Quinto de Pascua

Permanecer unidos a Dios

 

Queridos hermanos y hermanas: La viña era uno de los cultivos preferidos en Palestina. Podemos decir que la imagen es sencilla y de una fuerza extraordinaria. Jesús es la vid verdadera, llena de vida; los discípulos son sarmientos que viven de la savia que les llega de Jesús. Toda la vitalidad de los cristianos nace de Él. Si la savia de Jesús resucitado corre por nuestra vida, nos aporta alegría, luz, creatividad, coraje para vivir como vivía Él. Si, por el contrario, no fluye en nosotros, somos sarmientos secos.

Jesús emplea un lenguaje rotundo: Yo soy la vid y ustedes los sarmientos. En los discípulos ha de correr la savia que proviene de Jesús. No lo han de olvidar nunca. El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante, porque sin mí no pueden hacer nada. Separados de Jesús, nosotros sus discípulos no podemos nada.

Éste es el verdadero problema de una Iglesia que celebra a Jesús resucitado como vid llena de vida, pero que está formada, en buena parte, por sarmientos muertos. ¿Para qué seguir distrayéndonos en tantas cosas, si la vida de Jesús no corre por nuestras comunidades y nuestro corazón?

Nuestra primera tarea hoy y siempre es permanecer en la vid, no vivir desconectados de Jesús, no quedarnos sin savia, no secarnos más. ¿Cómo se hace esto? El Evangelio lo dice con claridad: hemos de esforzamos para que sus palabras permanezcan en nosotros. Que vivamos de su Evangelio. Que el Evangelio sea la fuente de la que hemos de beber.

Como diría San Cirilo de Alejandría: El Señor, para convencernos de que es necesario que nos adhiramos a Él, ponderó cuán grandes bienes se derivan de nuestra unión con Él.

Miren, en los Evangelios se encierra la fuerza más poderosa que poseen las personas para regenerar su vida. Allí está la energía que necesitamos para recuperar nuestra identidad de seguidores de Jesús. El Evangelio es el instrumento pastoral más importante para renovar hoy a la Iglesia. Recordemos que San Francisco de Asís renovó la Iglesia con el Evangelio. El Evangelio es el instrumento más eficaz para transformar nuestra vida.

Muchos cristianos buenos sólo conocen los Evangelios de segunda mano. Todo lo que saben de Jesús y de su mensaje proviene de lo que han podido reconstruir a partir de las palabras de los predicadores y catequistas. Viven su fe sin tener un contacto personal con las palabras de Jesús.

Es difícil imaginar una nueva evangelización sin facilitar a las personas un contacto más directo e inmediato con los Evangelios. Nada tiene más fuerza evangelizadora que la experiencia de escuchar el Evangelio de Jesús.

La vida cristiana no brota espontáneamente entre nosotros. El Evangelio no siempre se puede deducir racionalmente. Es necesario meditar largas horas las palabras de Jesús. Sólo la familiaridad y afinidad con los Evangelios nos hace ir aprendiendo poco a poco a vivir como Él.

Este acercamiento frecuente a las páginas del Evangelio nos va poniendo en sintonía con Jesús, nos contagia su amor al mundo, nos va apasionando con su proyecto, va infundiendo en nosotros su Espíritu. Casi sin darnos cuenta, nos vamos haciendo cristianos.

Esta meditación personal de las palabras de Jesús nos cambia más que todas las explicaciones, discursos y exhortaciones que nos llegan del exterior. Las personas cambiamos desde dentro. Tal vez, éste sea uno de los problemas más graves de nuestra religión: no cambiamos, porque sólo lo que pasa por nuestro corazón cambia nuestra vida; y, con frecuencia, por nuestro corazón no pasa la savia de Jesús.

La vida de la Iglesia se trasformaría si los creyentes, los matrimonios cristianos, los sacerdotes, los religiosos, las religiosas, los obispos, los educadores, todos los laicos tuviéramos como libro de cabecera los Evangelios de Jesús. Por ello, dijo Patrick Henry, gran orador y figura prominente en la historia de la revolución americana: El valor de la Biblia supera al de todos los libros que se hayan impreso.  O como mencionó Isaac Newton, científico inglés: No hay filosofía más sublime que la conocida con el nombre de Sagrada Escritura. Sin olvidar lo que dijo Wallece Hume, químico estadounidense: La Palabra de Dios es la clave para resolver todos los problemas.

No olvidemos que el Padre es el viñador que cuida personalmente la viña para que dé fruto abundante. Lo único importante es que se vaya haciendo realidad su proyecto de un mundo más humano y feliz para todos.

La imagen pone de relieve dónde está el problema. Hay sarmientos secos por los que no circula la savia de Jesús. Discípulos que no dan frutos porque no corre por sus venas el Espíritu de Jesús resucitado. Comunidades cristianas y seres humanos que languidecen desconectados de su persona.

Por eso se hace una afirmación cargada de intensidad: el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid: la vida de los discípulos es estéril si no permanecen en Jesús. Sus palabras son categóricas: Sin mí no pueden hacer nada. ¿No se nos está develando aquí la verdadera raíz del factor interno que resquebraja nuestra fe?

Por ello, el Papa Francisco dijo: Dios nos da el valor para caminar contra corriente. Y Él nos da esta fuerza, si permanecemos unidos a Dios como los sarmientos están unidos a la vid.

La forma en que viven su religión muchos cristianos, sin una unión vital con Jesucristo, no subsistirá por mucho tiempo: quedará reducida a folklore anacrónico que no aportará a nadie la Buena Noticia del Evangelio. La Iglesia no podrá llevar a cabo su misión en el mundo contemporáneo, si los que nos decimos cristianos no nos convertimos en discípulos de Jesús, animados por su espíritu y por el deseo de un mundo más humano.

Ser cristiano exige hoy una experiencia vital de Jesucristo, un conocimiento interior de su persona y un deseo de realizar su proyecto. Si no aprendemos a vivir de un contacto más inmediato y directo con Jesús, la decadencia de nuestro cristianismo se puede convertir en una enfermedad mortal.

No hemos de olvidar lo esencial. Todos somos sarmientos. Sólo Jesús es la verdadera vid. Lo decisivo en estos momentos es permanecer en Él: aplicar toda nuestra atención al Evangelio; alimentar en nosotros, en nuestros grupos, redes, comunidades y parroquias el contacto vivo con Él; no desviarnos de su proyecto.

Termino esta reflexión dominical invitándolos a descubrir que Jesús es la vid y nosotros los sarmientos, a descubrir la importancia, la necesidad y la urgencia de permanecer unidos a Él, de dejar que su sabia corra por nuestro corazón y que su palabra guíe nuestros pasos, permaneciendo en nosotros. Así sea.