DOMINGO DE PASCUA 4

DOMINGO DE PASCUA 3
15 abril, 2021
DOMINGO DE PASCUA 5
29 abril, 2021

Jesús es la piedra angular.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 4, 8-12.

En aquellos días, Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: “Jefes del pueblo y ancianos: Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo. para saber cómo fue curado, sépanlo ustedes y sépalo todo el pueblo de Israel: este hombre ha quedado sano en el nombre de Jesús de Nazaret, a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucitó de entre los muertos. Este mismo Jesús es la piedra que ustedes, los constructores, han desechado y que ahora es la piedra angular. Ningún otro puede salvarnos, pues en la tierra no existe ninguna otra persona a quien Dios haya constituido como salvador nuestro”.

 

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Del salmo 117,1 y 8-9. 21-23. 26 y 28cd y 29

R/. La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Aleluya.

 

Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna. Más vale refugiarse en el Señor, que poner en los hombres la confianza; más vale refugiarse en el Señor, que buscar con los fuertes una alianza. R/.

Te doy gracias, Señor, pues me escuchaste y fuiste para mí la salvación. La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente. R/.

Bendito el que viene en nombre del Señor. Que Dios desde su templo nos bendiga. Tú eres mi Dios, y te doy gracias. Tú eres mi Dios, y yo te alabo. Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna. R/.

Veremos a Dios tal cual es.

De la primera carta del apóstol san Juan: 3, 1-2.

Queridos hijos: Miren cuánto amor nos ha tenido el Padre, pues no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos. Si el mundo no nos reconoce, es porque tampoco lo ha reconocido a él.

Hermanos míos, ahora somos hijos de Dios, pero aún no se ha manifestado cómo seremos al fin. Y ya sabemos que, cuando él se manifieste, vamos a ser semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

El buen pastor da la vida por sus ovejas.

Del santo Evangelio según san Juan: 10,11-18.

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Yo doy la vida por mis ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor.

El Padre me ama porque doy mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita; yo la doy porque quiero. Tengo poder para darla y lo tengo también para volverla a tomar. Este es el mandato que he recibido de mi Padre”. 

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Homilía del Cuarto Domingo de Pascua

El Buen Pastor

Queridos hermanos y hermanas: La figura de Jesús Buen Pastor se convirtió muy pronto en la imagen más querida de Jesús. Ya en las catacumbas de Roma se le representa cargando sobre sus hombros a la oveja perdida. Nadie está pensando en Jesús como un pastor autoritario, dedicado a vigilar y controlar a sus seguidores, sino como un pastor bueno que cuida de ellas.

El Buen Pastor se preocupa de sus ovejas. Es su primer rasgo. No las abandona nunca. No las olvida. Vive pendiente de ellas. Está siempre atento a las más débiles o enfermas. No es como el pastor mercenario que, cuando ve algún peligro, huye para salvar su vida abandonando al rebaño. No le importan las ovejas.

Jesús había dejado un recuerdo imborrable. Los relatos evangélicos lo describen preocupado por los enfermos, los marginados, los pequeños, los más indefensos y olvidados, los más perdidos. No parece preocuparse de sí mismo. Siempre se le ve pensando en los demás. Le importan sobre todo los más desvalidos. Por ello el Papa Francisco dijo: Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres. O como mencionó San Agustín: Si descuido a la oveja que se descarría y se pierde, la que está fuerte deseará también andar por los caminos del error y de la perdición.

Pero hay algo más. El Buen Pastor da la vida por sus ovejas. Es el segundo rasgo. Dar la vida es la consecuencia extrema de conocer y amar. Hasta cinco veces repite el Evangelio de San Juan este lenguaje. El amor de Jesús a la gente no tiene límites. Ama a los demás más que a sí mismo. Ama a todos con amor de buen pastor que no huye ante el peligro sino que da su vida por salvar al rebaño.

Las palabras de Jesús sobre el pastor asalariado y el pastor bueno nos recuerdan una gran verdad. Aparentemente, los dos aman a las ovejas. Sin embargo, el amor de uno es asalariado, sólo busca recibir su salario, no le importan las ovejas y por ello las abandona. El amor del buen pastor es real, da su vida por las ovejas porque las ama.

Por eso, la imagen de Jesús, el Buen Pastor, se convirtió muy pronto en un mensaje de consuelo y confianza para sus seguidores. Los cristianos aprendieron a dirigirse a Jesús con palabras tomadas del salmo 23: El Señor es mi pastor, nada me falta, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida.

La figura del pastor era muy familiar en la tradición de Israel. Moisés, Saúl, David y otros líderes habían sido pastores. Al pueblo le agradaba imaginar a Dios como un pastor que cuida a su pueblo, lo alimenta y lo defiende.

Con el tiempo, el término pastor comenzó a utilizarse para designar también a los jefes del pueblo. Sólo que éstos no se parecían siempre a Dios. No sabían cuidar al pueblo y velar por las personas como lo hacía Él.

Todos recordaban las duras críticas del profeta Ezequiel a los dirigentes de su tiempo: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! No fortalecen a las ovejas débiles ni curan a las enfermas ni vendan a las heridas; no recogen a las descarriadas ni buscan a las perdidas, sino que las han dominado con violencia y dureza. El profeta anunciaba un porvenir diferente: Aquí estoy yo, dice el Señor, yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él.

Para los primeros creyentes, Jesús no es sólo un pastor, sino el verdadero y auténtico pastor. El único líder capaz de orientar y dar verdadera vida a los hombres.

Jesús había actuado sólo por amor. Todos recordaban todavía su entrega a las ovejas perdidas de Israel: las más débiles, las más enfermas y heridas, las más descarriadas. El pastor bueno siempre trata a las ovejas con cuidado y amor. El pastor que se preocupa de sus propios intereses es un asalariado. En realidad, no le importan las ovejas ni su sufrimiento. Por ello, como mencionó el Papa Francisco: los sacerdotes deben ser pastores con olor a oveja, pastores en medio de su rebaño. Deben ser personas que conozcan y se preocupen de su rebaño.

Hay un elemento muy interesante en el texto evangélico de hoy, y es su carácter incluyente. Dice Jesús: tengo otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga también a ellas. Con estas palabras se está refiriendo a aquellas personas que, por diversos motivos, no forman parte de la comunidad de los fieles.

Estas palabras de Jesús inspiran una acción pastoral de acogida de las personas que están lejos de la Iglesia, una Iglesia de puertas abiertas y en salida. Una pastoral que se inspire en esta imagen del Buen Pastor no puede ignorarlas ni, mucho menos, maltratarlas. Hay que buscar zonas de encuentro, es decir, hay que identificar comunes denominadores que compartimos. Promovamos una pastoral incluyente y respetuosa que se abra a las diferencias.

Recordemos que Jesús no había actuado como un jefe dedicado a dirigir, gobernar o controlar. Lo suyo había sido dar vida, curar, perdonar. No había hecho sino entregarse, desvivirse, terminar crucificado dando la vida por las ovejas. El que no es verdadero pastor, piensa en sí mismo, abandona las ovejas, evita los problemas y huye.

Como dijo San Agustín: El amor del que apacienta las ovejas del Señor debe ser tan grande que sea capaz de vencer incluso el temor natural de la muerte.

La alegoría del Buen Pastor arroja una luz decisiva como dijo Roberto Sayalero, agustino recoleto: quien tenga alguna responsabilidad ha de parecerse a Jesús.

Por ello, si estás casado, tú debes interesarte de tu esposa o de tu esposo, debes velar por ella o por él, como buen pastor. Los dos deben interesarse por cada uno de sus hijos, la superiora de una comunidad por las hermanas religiosas que la integran, si estoy al frente de algunos trabajadores, velar por cada uno de ellos.

Termino esta reflexión dominical invitándolos a descubrir que Jesús es el Buen Pastor, quien nos conoce, que Él da la vida por nosotros y nos asiste en nuestras necesidades, que aunque pasemos por cañadas oscuras no tememos nada porque Él va con nosotros y finalmente, no olvidemos que hemos de preocupemos por los que por algún motivo están lejos de la Iglesia, no olvidemos a nuestros familiares, salgamos a su encuentro, vayamos por ellos.

Finalmente, no quiero pasar por alto el día del niño. Interesémonos por cada uno de ellos, descubramos sus necesidades y ayudémoslos a conseguir sus metas en la vida y a vivir su infancia. A todos los niños y las niñas les deseo muchas felicidades en su día y que el Señor los colme de abundantes bendiciones. Así sea.