DOMINGO 27 DEL TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO 26 DEL TIEMPO ORDINARIO
26 septiembre, 2019
DOMINGO 28 DEL TIEMPO ORDINARIO
10 octubre, 2019

El justo vivirá por su fe.

Del libro del profeta Habacuc: 1, 2-3; 2, 2-4.

¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio, sin que me escuches, y denunciaré a gritos la violencia que reina, sin que vengas a salvarme? ¿Por qué me dejas ver la injusticia y te quedas mirando la opresión? Ante mí no hay más que asaltos y violencias, y surgen rebeliones y desórdenes.

El Señor me respondió y me dijo: “Escribe la visión que te he manifestado, ponla clara en tablillas para que se pueda leer de corrido. Es todavía una visión de algo lejano, pero que viene corriendo y no fallará; si se tarda, espéralo, pues llegará sin falta. El malvado sucumbirá sin remedio; el justo, en cambio, vivirá por su fe”.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Del salmo 94, 1-2. 6-7. 8-9.

R/. Señor, que no seamos sordos a tu voz.

Vengan, lancemos vivas al Señor, aclamemos al Dios que nos salva. Acerquémonos a él, llenos de júbilo, y démosle gracias. R/.

Vengan, y puestos de rodillas, adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo, pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo; él es nuestro pastor y nosotros, sus ovejas. R/.

Hagámosle caso al Señor, que nos dice: “No endurezcan su corazón, como el día de la rebelión en el desierto, cuando sus padres dudaron de mí, aunque habían visto mis obras”. R/.

No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor.

De la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo: 1, 6-8. 13-14.

Querido hermano: Te recomiendo que reavives el don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos. Porque el Señor no nos ha dado un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de moderación.

No te avergüences, pues, de dar testimonio de nuestro Señor, ni te avergüences de mí, que estoy preso por su causa. Al contrario, comparte conmigo los sufrimientos por la predicación del Evangelio, sostenido por la fuerza de Dios.

Conforma tu predicación a la sólida doctrina que recibiste de mí acerca de la fe y el amor que tienen su fundamento en Cristo Jesús. Guarda este tesoro con la ayuda del Espíritu Santo, que habita en nosotros.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

 

 

¡Si ustedes tuvieran fe…!

Del santo Evangelio según san Lucas: 17, 5-10.

En aquel tiempo, los apóstoles dijeron al Señor: “Auméntanos la fe”. El Señor les contestó: “Si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decirle a ese árbol frondoso: Arráncale de raíz y plántate en el mar’, y los obedecería. ¿Quién de ustedes, si tiene un siervo que labra la tierra o pastorea los rebaños, le dice cuando éste regresa del campo: ‘Entra en seguida y ponte a comer’? ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame de comer y disponte a servirme, para que yo coma y beba; después comerás y beberás tú’? ¿Tendrá acaso que mostrarse agradecido con el siervo, porque éste cumplió con su obligación? Así también ustedes, cuando hayan cumplido todo lo que se les mandó, digan: ‘No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer’ “.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Homilía del Domingo 27 del Tiempo Ordinario

La fe

 

Queridos hermanos y hermanas: El Evangelio de hoy se abre con la petición de los apóstoles a Jesús: ¡Auméntanos la fe! En lugar de satisfacer su deseo, Jesús les dice: Si tuvieran fe como un grano de mostaza, le dirían a esta montaña muévete de aquí y lo haría. La fe es, sin duda, el tema dominante de este domingo. En la primera lectura se oye la célebre afirmación de Habacuc, retomada por san Pablo en la Carta a los Romanos: El justo vivirá por su fe.

La fe tiene distintos matices de significado. Esta vez desearía reflexionar sobre la fe en su acepción más común y elemental: creer o no en Dios. No la fe según la cual se decide si uno es católico o protestante, cristiano o musulmán, sino la fe según la cual se decide si uno es creyente o no creyente, creyente o ateo. Un texto de la Escritura dice: El que se acerca a Dios ha de creer que existe y que recompensa a los que le buscan (Hebreos 11,6). Éste es el primer escalón de la fe, sin el cual no hay otros. Es un llamado a confiar plenamente en Dios y a saber que Él puede ayudarnos en cualquier necesidad que tengamos.

Para hablar de la fe a un nivel tan universal no podemos basarnos sólo en la Biblia, porque ésta tendría valor sólo para nosotros, los cristianos, y, en parte, para los judíos, no para los demás. Por fortuna, Dios ha escrito dos libros: uno es la Biblia, el otro la creación. Uno está formado por letras y palabras, el otro por cosas. No todos conocen, o pueden leer, el libro de la Escritura, pero todos, desde cualquier latitud y cultura, pueden leer el libro que es la creación. De noche tal vez mejor, incluso, que de día. Los cielos cuentan la gloria de Dios, la obra de sus manos anuncia el firmamento. Por toda la tierra se extiende su eco, y hasta el confín del mundo su mensaje (Salmo 19). Pablo afirma: Lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras (Romanos 1, 20).

Hoy, Jesucristo en el Evangelio nos invita a tener una fe del tamaño del grano de mostaza y entonces todas las situaciones que nos parezcan desproporcionadas podrán ser dominadas.

Decía el elocuente Demóstenes  que los grandes sucesos dependen de los incidentes pequeños. Por ello, en la vida ordinaria, sé cuidadoso con las pequeñas cosas. Las pequeñas cosas nos construyen o nos destruyen. Son las pequeñas cosas las que hacen felices o desdichadas a las personas. Las más grandes cualidades nacen en nosotros siendo pequeñas cosas y, los más grandes vicios así empiezan también, con esas cosillas que desatendemos. De la misma manera en que una gran construcción se inicia con pequeños bloques, así también un gran incendio se inicia con una pequeña chispa.

Solamente cuando lleguemos a comprender que las grandes consecuencias provienen de las cosas insignificantes, tendremos la claridad suficiente para llegar a comprender la importancia de las cosas pequeñas.

Un proverbio japonés dice: Hasta el polvo, cuando se amontona, se convierte en montaña.

El Evangelio de hoy nos hace una llamada a todos nosotros para que seamos profundos, para que seamos responsables, para que seamos capaces de comprender la trascendencia de lo que estamos diciendo y de aquello que estamos haciendo.

Queridos hermanos y hermanas: La fe mueve montañas y la oración, no se diga, mueve todos los corazones, incluyendo el de Dios. Soy testigo directo de la gran obra de Dios y como su oración me sano y me dio nueva vida.

Si recordando la solicitud de los apóstoles y la orientación del Maestro en torno a la fe, fuéramos capaces de ser constantes en nuestra oración, sabríamos encontrar un día el rostro de aquel que como Padre bueno sale a nuestro encuentro. La fe es como una puerta sin candado para todo el que con sinceridad busque a Dios en sus momentos de desesperación y abandono.

La fe cristiana no es tan sólo la adhesión a unos contenidos memorizables sino que la fe es, ante todo, adhesión a la Persona Divina que ha venido a nosotros y que nos revela las verdades de la eternidad. La fe es una actitud fundamental en la vida del cristiano, no es tan sólo un creer en Jesucristo sino también un creerle a Jesucristo. Saber que Dios puede ayudarnos en nuestras necesidades.

Termino esta reflexión dominical, invitándolos a tener fe en todos los momentos de la vida, a saber que Dios lo puede todo y nos puede ayudar en todo. Pidámosle a Él por nuestras necesidades, pongámoslas en sus manos y Él nos ayudará. Así sea.