DOMINGO 26 DEL TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO 25 DEL TIEMPO ORDINARIO
21 septiembre, 2019
DOMINGO 27 DEL TIEMPO ORDINARIO
3 octubre, 2019

Ustedes, los que lleven una vida disoluta, irán al destierro.

Del libro del profeta Amós: 6, 1. 4-7.

Esto dice el Señor todopoderoso: “¡Ay de ustedes, los que se sienten seguros en Sión y los que ponen su confianza en el monte sagrado de Samaria! Se reclinan sobre divanes adornados con marfil, se recuestan sobre almohadones para comer los corderos del rebaño y las terneras en engorda. Canturrean al son del arpa, creyendo cantar como David. Se atiborran de vino, se ponen los perfumes más costosos, pero no se preocupan por las desgracias de sus hermanos. Por eso irán al destierro a la cabeza de los cautivos y se acabará la orgía de los disolutos”.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Del salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10.

R/. Alabemos al Señor, que viene a salvarnos.

El Señor es siempre fiel a su palabra, y es quien hace justicia al oprimido; él proporciona pan a los hambrientos y libera al cautivo. R/.

Abre el Señor los ojos de los ciegos y alivia al agobiado. Ama el Señor al hombre justo y toma al forastero a su cuidado. R/.

A la viuda y al huérfano sustenta y trastorna los planes del inicuo. Reina el Señor eternamente, reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos. R/.

Cumple todo lo mandado, hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.

De la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo: 6, 11-16.

Hermano: Tú, como hombre de Dios, lleva una vida de rectitud, piedad, fe, amor, paciencia y mansedumbre. Lucha en el noble combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido llamado y de la que hiciste tan admirable profesión ante numerosos testigos.

Ahora, en presencia de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que dio tan admirable testimonio ante Poncio Pilato, te ordeno que cumplas fiel e irreprochablemente todo lo mandado, hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo, la cual dará a conocer a su debido tiempo Dios, el bienaventurado y único soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único que posee la inmortalidad, el que habita en una luz inaccesible y a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A él todo honor y poder para siempre.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Recibiste bienes en tu vida y Lázaro, males; ahora él goza de consuelo, mientras que tú sufres tormentos.

Del santo Evangelio según san Lucas: 16, 19-311.

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto a él.

Entonces gritó: ‘Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas’. Pero Abraham le contestó: ‘Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro, en cambio, males. Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá’.

El rico insistió: ‘Te ruego, entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar de tormentos’. Abraham le dijo: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen’. Pero el rico replicó: ‘No, padre Abraham. Si un muerto va a decírselo, entonces sí se arrepentirán’. Abraham repuso: Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto”.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Homilía del Domingo 26 el Tiempo ordinario

Velar por el pobre

 

Queridos hermanos y hermanas: El tema principal de hoy es la parábola del rico epulón, es un tema actual, en él vemos cómo la situación se repite hoy, entre nosotros. Este es un llamado a descubrir que todo lo que tenemos, lo que somos y alcanzamos en la vida si es fruto de nuestro esfuerzo; pero principalmente es un don, un regalo de Dios, por ello todo lo que tenemos poco o mucho debemos compartirlo con los más pobres y necesitados.

Es un llamado a dirigir nuestra mirada a nuestros familiares, vecinos, compadres, amigos o conocidos y descubrir cuáles son sus necesidades. Bienaventurados los que ayudan a sus padres, a sus hermanos, a sus suegros o cuñados, a sus vecinos, compadres o amigos, a todos ellos Dios los recompensará.

Todavía hoy en día, en la mentalidad de mucha gente, la imagen del rico está asociada instintivamente a la de la felicidad, a la del éxito y a la del reconocimiento de propios y extraños. Palacios fabulosos, coches de lujo, hoteles y cruceros, un séquito a tu servicio, comidas y bebidas exóticas, cumplimento de los caprichos y de los placeres más variados y refinados. Y a todo esto se le da un solo nombre: Felicidad.

Así como en los teatros, cuando todo se acaba y los que representan se retiran y se quitan el traje, los que antes parecían reyes o pretores aparecen ahora tal y como son con sus miserias, así, cuando viene la muerte y concluye el espectáculo de esta vida, depuestos los disfraces de la riqueza y de la pobreza, sólo por sus obras se juzga quiénes son verdaderamente ricos y quiénes pobres; quiénes dignos y quiénes indignos de gloria.

Sería muy grave que alguien interpretara esta parábola diciendo: los ricos se irán al infierno y los pobres al paraíso; los primeros tendrán su castigo por ser ricos, los segundos serán premiados por ser pobres. Así, que sólo tengan un poco de paciencia y por fin llegará su momento. Esta parábola no habla de resignación; tampoco se refiere a la suerte del más allá; mucho menos es un texto que nos explica cosas del infierno o de otros lugares. La parábola quiere hablarnos, del más acá, de la solidaridad fraterna que debiera existir entre los seres humanos, de la conversión efectiva a partir de la Palabra. Se requiere advertir de la desgracia que le viene a quien se olvida de sus hermanos y no los asiste en sus necesidades.

Queridos hermanos y hermanas: el Evangelio del día de hoy nos dice que la riqueza no tan sólo pone en riesgo la felicidad en esta vida sino también aquella felicidad auténtica que posee el sello de la eternidad.

La puerta del paraíso eterno puede estar abierta o cerrada de acuerdo con lo que hayamos hecho con nuestros hermanos más necesitados.

Sin embargo, hemos de amar a los ricos. Es verdad, como cristianos tenemos que hacerlo. Ellos son nuestros hermanos más pobres, los que más necesidad tienen de nuestro amor. Creen que con la riqueza consiguen todo; pero están equivocados.

El mismo contraste entre el rico epulón y el pobre Lázaro se repite en nuestra sociedad. Hay ricos epulones que viven codo a codo con pobres Lázaros en nuestro país, su lujo solitario resulta todavía más estridente en medio de la miseria general de las masas. Expresaba Albert Camus: Es vergonzoso ser felices nosotros solos. La vida vuelta hacia el dinero es la muerte, y nuestra locura. Cuánta razón tiene ese refrán español que sentencia: Más vale un día alegre con medio pan que uno triste con un faisán.

En todas las sociedades llamadas del bienestar, algunas personas del espectáculo, del deporte, del sector financiero, de la industria, del comercio, cuentan sus ingresos y sus contratos de trabajo sólo en miles de millones, y todo esto ante la mirada de millones de personas que no saben cómo llegar con su escuálido sueldo o subsidio de desempleo a pagar el alquiler, las medicinas, los estudios de sus hijos.

La cosa más odiosa, en la historia relatada por Jesús, es la ostentación del rico, que éste haga alarde de su riqueza sin miramiento hacia el pobre. Su lujo se manifestaba sobre todo en dos ámbitos, la comida y la ropa: el rico celebraba opíparos banquetes y vestía de púrpura y lino, que eran, en aquel tiempo, telas de rey. El contraste no existe sólo entre quien revienta de comida y quien muere de hambre, sino también entre quien cambia de ropa a diario y quien no tiene un harapo que ponerse. Miren, en un desfile de modas, se presentó una vez un vestido hecho de láminas de oro; costaba mil millones de dólares. Los desfiles de moda son como representaciones escénicas de la parábola del rico epulón.

Se han hecho muchas denuncias similares de la riqueza y del lujo a lo largo de los siglos, pero hoy todas suenan retóricas o superficiales, pietistas o anacrónicas. Esta denuncia, después de dos mil años, se conserva intacta. El motivo es que quien la pronuncia no es un hombre que esté de parte de ricos o pobres, sino uno que está por encima de las partes y se preocupa tanto de los ricos como de los pobres, incluso tal vez más de los primeros que de los segundos. La parábola del rico epulón no se sugiere por el hastío hacia los ricos o por el deseo de ocupar su lugar, como tantas denuncias humanas, sino por una preocupación sincera de su salvación. Dios quiere salvar a los ricos de su riqueza.

La riqueza no tan sólo pone en riesgo la felicidad en esta vida sino también aquella felicidad auténtica que posee el sello de la eternidad.

Como dijo Don Eugenio Garza Sada: No repartas riquezas, reparte trabajo, así elevarás el nivel de vida del pueblo.

La puerta del paraíso eterno puede estar abierta o cerrada de acuerdo con lo que hayamos hecho con nuestros hermanos más necesitados.

Hemos de amar a los ricos. Es verdad, como cristianos tenemos que hacerlo. Son nuestros hermanos más pobres, los que más necesidad tienen de nuestro amor.

Mons. Helder Cámara, decía: “El pobre apenas tiene lo indispensable para vivir y nada más, pero el mísero no tiene ni siquiera lo indispensable”.

Termino esta homilía dominical diciéndoles que ¡es esto, lo indispensable, lo que nosotros tenemos que dar a toda criatura humana! Hemos de ayudar a todo aquel que desea llenarse con lo que nosotros tenemos, a veces, hasta de sobra. Así sea.