DOMINGO 25 DEL TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO 26 DEL TIEMPO ORDINARIO
26 septiembre, 2019

Contra los que obligan a los pobres a venderse.

Del libro del profeta Amós: 8, 4-7.

Escuchen esto los que buscan al pobre sólo para arruinarlo y andan diciendo: “¿Cuándo pasará el descanso del primer día del mes para vender nuestro trigo, y el descanso del sábado para reabrir nuestros graneros?” Disminuyen las medidas, aumentan los precios, alteran las balanzas, obligan a los pobres a venderse; por un par de sandalias los compran y hasta venden el salvado como trigo. El Señor, gloria de Israel, lo ha jurado: “No olvidaré jamás ninguna de estas acciones”.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

 

Del salmo 112, 1-2. 4-6. 7-8.

R/. Que alaben al Señor todos sus siervos.

Bendito sea el Señor, alábenlo sus siervos. Bendito sea el Señor, desde ahora y para siempre. R/.

Dios está sobre todas las naciones, su gloria por encima de los cielos. ¿Quién hay como el Señor? ¿Quién iguala al Dios nuestro? R/.

Él tiene en las alturas su morada y sin embargo de esto, bajar se digna su mirada para ver tierra y cielo. R/.

Él levanta del polvo al desvalido y saca al indigente del estiércol para hacerlo sentar entre los grandes, los jefes de su pueblo. R/.

 

Pidan a Dios por todos los hombres, porque él quiere que todos se salven.

De la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo: 2,1-8.

Te ruego, hermano, que ante todo se hagan oraciones, plegarias, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, y en particular, por los jefes de Estado y las demás autoridades, para que podamos llevar una vida tranquila y en paz, entregada a Dios y respetable en todo sentido.

Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, pues él quiere que todos los hombres se salven y todos lleguen al conocimiento de la verdad, porque no hay sino un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre él también, que se entregó como rescate por todos.

Él dio testimonio de esto a su debido tiempo y de esto yo he sido constituido, digo la verdad y no miento, pregonero y apóstol para enseñar la fe y la verdad. Quiero, pues, que los hombres, libres de odios y divisiones, hagan oración dondequiera que se encuentren, levantando al cielo sus manos puras.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

No pueden ustedes servir a Dios y al dinero.

Del santo Evangelio según san Lucas: 16, 1-13.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: `¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador’. Entonces el administrador se puso a pensar: ¿Que voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan.

Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero le preguntó: ¿Cuánto le debes a mi amo?’ El hombre respondió: ‘Cien barriles de aceite. El administrador le dijo: Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta. Luego preguntó al siguiente: ‘Y tú, ¿cuánto debes?’ Éste respondió: ‘Cien sacos de trigo’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo y haz otro por ochenta’. El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios, que los que pertenecen a la luz.

Y yo les digo: Con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que, cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo. El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas, también es infiel en las grandes. Si ustedes no son fieles administradores del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? Y si no han sido fieles en lo que no es de ustedes, ¿quién les confiará lo que sí es de ustedes? No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero”.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Homilía del Domingo 25 del Tiempo Ordinario

Llamado a ser Astutos y ser amigo de los pobres

 

Queridos hermanos y hermanas: El Evangelio de este domingo nos presenta la parábola del administrador infiel. El personaje central es el administrador de un propietario de tierras.

Como las mejores parábolas, ésta es como un drama en miniatura, lleno de movimiento y de cambios de escena. La primera escena tiene como actores al administrador y a su señor y concluye con un despido tajante: Ya no puedes ser administrador. Éste no esboza siquiera una autodefensa. Tiene la conciencia sucia y sabe perfectamente que el patrón se ha enterado de algo cierto.

La segunda escena es un soliloquio del administrador que se acaba de quedar sin nadie. No se da por vencido; piensa enseguida en soluciones para garantizarse un futuro.

En la tercera escena, el administrador y los campesinos. Se revela el fraude que el administrador ha ideado con ese fin: ¿Tú cuánto debes? Respondió: Cien cargas de trigo. Le dijo: Toma tu recibo y escribe ochenta. Es un caso clásico de corrupción y de falsa contabilidad que nos hace pensar en frecuentes episodios parecidos en nuestra sociedad, si bien a escala mucho mayor.

La conclusión es desconcertante: El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente. Me pregunto: ¿Es que Jesús aprueba o alienta la corrupción? Es necesario recordar la naturaleza del todo especial de la enseñanza en parábolas. La parábola no hay que trasladarla en bloque y con todos sus detalles en el plano de la enseñanza moral, sino sólo en aquel aspecto que el narrador quiere valorar. Y está claro cuál es la idea que Jesús ha querido inculcar con esta parábola. El señor alaba al administrador por su sagacidad, no por otra cosa, no por su corrupción. No se afirma que se vuelva atrás en su decisión de despedir a este hombre. Es más, visto su rigor inicial y la prontitud con la que descubrió la nueva estafa, podemos imaginar fácilmente la continuación, no relatada, de la historia. Tras haber alabado al administrador por su astucia, el señor debe haberle ordenado que devolviera inmediatamente el fruto de sus transacciones deshonestas, o pagarlas con la cárcel si no podía saldar la deuda. Esto, o sea, la astucia, es también lo que alaba Jesús. Añade, de hecho, casi como comentario a las palabras de ese señor: Los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz.

Aquel hombre, frente a una situación de emergencia, cuando estaba en juego su porvenir, dio prueba de dos cosas: de extrema decisión y de gran astucia. Actuó pronta e inteligentemente, si bien no honestamente, para ponerse a salvo. Esto, viene a decir Jesús a sus discípulos: Todos ustedes deben ser astutos y decididos para poner a salvo no el futuro terreno, que dura algunos años, sino el futuro eterno.

Séneca, un filósofo antiguo decía: La vida a nadie se le da en propiedad, sino a todos en administración. Somos todos administradores; por ello debemos hacer como el hombre de la parábola. Él no dejó las cosas para mañana, no se durmió. Está en juego algo más importante como para confiarlo al azar.

Finalmente el Evangelio enfatiza el uso de la riqueza y del dinero: Yo les digo: háganse amigos con el dinero tan lleno de injusticias, para que los reciban en las eternas moradas. Es como decir: Háganse amigos de quienes un día, cuando se encuentren en necesidad, pueda acogerlos. Estos amigos poderosos, se sabe, son los pobres, puesto que Cristo considera dado a Él en persona lo que se da al pobre. Los pobres, decía San Agustín, son, si lo deseamos, nuestros correos y porteadores: nos permiten transferir, desde ahora, nuestros bienes en la morada que se está construyendo para nosotros en el más allá.

Termino esta reflexión dominical invitándolos a ser astutos y no dejar para mañana lo que podamos hacer hoy, no dejar para mañana nuestra salvación. Además háganse amigos de los pobres, ellos son nuestro verdadero baluarte. Así sea.